jueves, 29 de octubre de 2015

Salutogénesis: un reto para los profesionales de la salud

 Salutogénesis es un término acuñado por el doctor en Sociología Aaron Antonovsky a finales de los años setenta. Este nuevo paradigma, que deriva de las palabras Salus (salud) y Genesis (origen), quiere recuperar la visión integral de la persona como ser físico, psíquico y espiritual y otorgar un papel activo y responsable a cada persona en su salud y en su calidad de vida.
Esta teoría surge en contraposición a la teoría dominante en la medicina durante siglos, la patogénesis o búsqueda del origen de la enfermedad (saber porqué enferma un individuo) y conocimiento de la enfermedad. 


La salud positiva es una forma de interpretar las acciones en salud mirando hacia aquello que hace que las personas, las familias y las comunidades aumenten el control sobre su salud y la mejoren. En esta forma de actuar en Salud Pública gana terreno la idea de los activos en salud, definidos  por  Morgan y Ziglio, como cualquier factor o recurso que potencie la capacidad de los individuos, de las comunidades y poblaciones para mantener la salud y el bienestar.

Existen varias razones para desarrollar este planteamiento de activos en salud, en primer lugar podemos señalar que estos activos se sitúan en el contexto social de las personas por lo que la implantación de este modelo podría ser unas de las soluciones posibles para superar las desigualdades en salud.
Por otra parte tenemos cada vez mayor conocimiento relacionado con los determinantes sociales en salud aunque es necesario seguir investigando para localizar evidencia a favor de la mejora de la salud con este planteamiento.
Por último, debemos señalar que está demostrada la rentabilidad de la inversión en salud pública ya que es evidente que es preferible prevenir que curar. El modelo de activos en salud pretende identificar soluciones que actúen de manera positiva en los hábitos saludables.  
El planteamiento de activos en salud pretende que las personas sean responsables de su salud y no meros sujetos pasivos receptoras de servicios de salud. Pretende identificar estos activos y potenciarlos para obtener salud y bienestar. Sin embargo debemos tener en cuentan que se presentarán situaciones de vulnerabilidad o de riesgo en las que será necesario el acceso de las personas y las comunidades a los servicios sanitarios, por ello se precisa también un planteamiento de déficits y no sólo un planteamiento de activos. 
La influencia de este modelo en la promoción de la salud es evidente. Como apuntan Lindstrom y Eriksson, el modelo salutogénico es una buena base para la promoción de la salud por tres razones principales: en primer lugar  porque se enfoca a la resolución de problemas y la búsqueda de soluciones; en segundo lugar  identifica los recursos que pueden ayudar a las personas a moverse en dirección a la salud positiva; y en tercer lugar, porque identifica un sentido global y omnipresente en los individuos, grupos, poblaciones o sistemas cuya capacidad plasma en el SOC (comprensión, manejabilidad y significatividad de los acontecimientos vitales).
Antonovsky hace uso de la metáfora del río de la vida para comparar el punto de vista patogénico y el salutogénico.
 En esta representación gráfica del río de la vida presentada por Eriksson y Lindstrom  se muestra el desarrollo de la medicina (de atención y tratamiento) y de la salud pública (prevención y promoción). 
La promoción de la salud es un paso más allá de la educación que permite a las personas aumentar el control sobre su salud para mejorarla. Sus áreas de acción principales son el desarrollo de políticas públicas saludables, la creación de ambientes saludables, el refuerzo de la acción comunitaria y el desarrollo de habilidades personales y la reorientación de los servicios de salud. 
En cuanto a las implicaciones prácticas del modelo salutogénico, es evidente que es un buen enfoque para orientar las políticas y programas de salud pública desarrollando modelos de acción basados en activos para la salud y potenciando los recursos de resistencia de las personas y las comunidades. 
Un reto que tenemos en la actualidad es la formación de los profesionales para que sean capaces de potenciar la capacidad detectar los recursos, costumbres y elementos culturales y ambientales ya existentes en las comunidades y en las personas que las integran y conectar mejor los conocimientos y habilidades con la ciudadanía. Debemos pasar de educar en salud, donde el profesional de la salud enseña lo correcto y cómo se hace a promoción de la salud donde debe ser el individuo el que quiera aprender algo y hacerlo por sí mismo, y el profesional debe únicamente ofrecer las ideas y herramientas necesarias para que se consiga el objetivo.
Mi experiencia personal es que nos centramos más en educar al "paciente"  que en buscar los activos de salud de la comunidad. Creo que se necesita un cambio tanto a nivel de la formación de los profesionales como el establecimiento de líneas estratégicas por parte del sistema sanitario orientadas a la promoción de salud basadas en este modelo.




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